Aldeas infantiles: una historia sobre la concordia.

“Ningún niño nace para crecer solo” es el lema de la nueva campaña mundial de Aldeas Infantiles SOS en la que resaltan que uno de cada 10 niños en el mundo crece sin el cuidado de sus padres.

Esta organización sin ánimo de lucro ayuda a más de 630.000 personas en todo el mundo repartidas en 134 países. En España, tienen ocho aldeas en todo el territorio nacional (Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Canarias (2), Cataluña, Galicia y Madrid) en las que acogen a 426 niños que no pueden vivir con sus padres por distintos motivos.

Aldeas Infantiles les ofrece un entorno familiar, cálido y de protección, en definitiva, un hogar en el que viven con una madre SOS y una educadora responsable y otros de apoyo. Además cuentan con la ayuda de un trabajador social, un psicólogo y un pedagogo. Una madre SOS es una voluntaria que vive con los menores, en la mayoría de los casos grupos de hermanos, en una casa unifamiliar con jardín dentro de la Aldea brindándoles un entorno familiar y protector en el que puedan crecer sintiéndose queridos y respetados.

El trabajo de Aldeas no finaliza cuando los niños cumplen la mayoría de edad sino que les siguen ayudando hasta que pueden ser completamente independientes y están integrados en la sociedad.

Estefanía, 25 años, Vigo

Estefanía Montes, joven gallega de 25 años, llegó a Aldeas Infantiles con apenas 11 años acompañada por sus hermanos pequeños. Antes pasó por los Centros de Atención de Día en los cuales los menores reciben apoyo diario.

Cuando entró en Aldeas tuvo una madre SOS “muy estricta” pero al año siguiente llegó Lourdes -todo el mundo la llama ‘Lula’- y la situación cambió. “Empezó con nosotros, éramos su primera familia. La relación fue muy buena”, comenta. De hecho, siguen manteniendo el contacto ya que Estefanía ha colaborado con la organización varias veces.

Estuvieron viviendo con Lourdes siete años hasta que Estefanía cumplió 16 años y se mudaron con una familia de acogida proporcionada por la Xunta de Galicia y la Cruz Roja.

Con la mayoría de edad, llegó su independencia pero no totalmente puesto que percibía una ayuda de Aldeas Infantiles encuadrada dentro del programa CPS (Centro de Programas Sociales). Dos y medio después, consiguió independizarse a un piso de alquiler ella sola y actualmente trabaja como auxiliar de clínica dental en un centro médico.

Sus hermanos pequeños de 17 y 16 años siguen viviendo con su familia de acogida aunque Estefanía se hace cargo de ellos los fines de semana y en periodo de vacaciones.

Raquel, 24 años, Tenerife

“Tenía seis años cuando llegué a Aldeas. Mi hermana había llegado dos semanas antes porque tuvo un problema de salud que le mantuvo ingresada casi 4 meses. En el hospital dieron la voz de alarma por descuido y problemas de nutriciónaunque ya se había denunciado el caso por parte del colegio y nuestros vecinos”, explica Raquel Álvarez sobre cómo fue su llegada a la organización.

El reencuentro con su hermana “fue muy bonito” porque “llevaba tiempo sin verla”. “Cuando la vi bajando las escaleras, rompí a llorar de la ilusión y las ganas que tenia de verla. La abracé”.

Siempre con una sonrisa en la cara nos cuenta que su vida en la Aldea era “sencilla y fácil. Es como una urbanización donde están todas las casas juntas y tienes tus sitios para jugar: el campo de fútbol, el jardín, el parque…”

Esta joven nacida en Mallorca pero criada desde que era un bebé en Tenerifeestuvo viviendo en Aldeas hasta los 19 años, cuando se mudó a una casa en La Laguna con su hermana biológica, sus cuatro ‘hermanos’ de hogar y su madre SOS, Ángeles. “Con ese cambio, cogimos autonomía y podíamos ir, por ejemplo, a la Universidad caminando”, comenta.

Su madre SOS era “una persona muy disciplinada, muy fuerte. Creo que la fuerza que tengo me viene de ella. Los niños necesitan una vida estructurada con normas y horarios, continuidad y equilibrio y, sobre todo, nosotros porque venimos con nuestra mochila, nuestros conflictos internos“. Ahora mismo Ángeles vive en Galicia pero mantiene el contacto con todos ellos y está pendiente de cómo les va.

“A los 21 me fui de Erasmus un año a Polonia y cuando volví ya quería vivir sola. Tampoco quería la beca que me daba Aldeas porque tenía dinero ahorrado y consideraba irresponsable que otros niños no pudieran disfrutar de esa ayuda”, dice Raquel sobre las posibles becas que le ofrecieron desde Aldeas cuando se quiso independizar.

Cuando terminó la carrera de Administración y Dirección de Empresas vio que ninguna de las salidas le gustaba y decidió reunirse con el Director Territorial de Aldeas Infantiles Canarias para poner en común algunas ideas y proyectos que tenía en mente. “Le gustaron pero me dijo que teníamos que darle un toque más social”.

Ahí fue cuando crearon `Social Makers’, una cooperativa en la que “ayudan a sus clientes a desarrollar y fabricar sus ideas utilizando nuevas tecnologías y compartiendo con ellos un espacio multidisciplinar, colaborativo y creativo”.

Raquel anima a colaborar ya que es una organización fiable y se pueden ver los resultados: “No hace falta que sea una colaboración monetaria sino que dando tu tiempo, aportando conocimientos y habilidades puedes ayudar a los niños y jóvenes de Aldeas. Si se animan a hacerlo, yo se lo agradezco y otros niños también”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s